El papel del ejercicio en el paciente oncológico

Ejercicio físico en una cinta de andar

La incorporación del ejercicio físico en los protocolos de tratamiento oncológico ha experimentado un notable auge en la última década. La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) reconoce el ejercicio como una intervención terapéutica complementaria con beneficios sustanciales en todas las fases de la enfermedad.

Evidencia científica actualizada:

Según el posicionamiento oficial de la SEOM sobre ejercicio y cáncer (2022), la actividad física programada y supervisada ofrece importantes beneficios:

Reducción del riesgo

Reduce el riesgo de recaída en un 30-40% en cánceres de mama, colon y próstata.

Disminución de la fatiga

Disminuye la fatiga relacionada con el cáncer en un 40-50%.

Mejora de la tolerancia

Mejora la tolerancia a los tratamientos de quimioterapia y radioterapia.

Incremento de la calidad de vida

Incrementa la calidad de vida global, medida por escalas validadas.

Fases del tratamiento

Prevención

El ejercicio regular reduce el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer hasta en un 20-30%.

Durante el tratamiento

Programas adaptados que mejoran la tolerancia a la terapia.

Supervivencia

El ejercicio regular post-tratamiento reduce significativamente el riesgo de recaída.

Referencias científicas:


Casla-Barrio S, et al. Spanish exercise guidelines for cancer patients: position statement from the Spanish Society of Medical Oncology. Clin Transl Oncol. 2021;23(10):2073-2092.
Pollán M, et al. Clin Transl Oncol 2020;22(10):1710-1729 y SEOM 2024 (derivación y niveles asistenciales).
Serdà BC, et al. Ejercicio físico como terapia complementaria en el cáncer de próstata. Apunts Med Esport. 2018;53(197):35-41.
Fernández-Lao C, et al. Water versus land-based multimodal exercise program effects on body composition in breast cancer survivors: a controlled clinical trial. Support Care Cancer. 2013;21(2):521-530.